Aquí escribo, al filo de la
noche, en este cuaderno de cristal y humo,
para ahuyentar las sombras.

viernes, 16 de diciembre de 2011

EL PODER DE LA LITERATURA CONTRA EL ARIDO TIEMPO.

El árido Tiempo todo lo erosiona, todo lo consume en su avance brutal contra la Belleza. Más algunos guerreros valientes aún desafían su poder; confiados en la fuerza de la literatura, levantan un bastión en contra de aquel maligno devorador de la vida: William Shakespeare es uno de ellos.



Roe las garras del león, Tiempo devorador,
y haz que la tierra se nutra de tu progenie amada;
arranca del tigre feroz los afilados dientes,
y quema en su propia sangre al fénix inmortal;
alegra y entristece las estaciones en tu huida;
haz todo lo que quieras,
Tiempo de aéreos pies,
con el vasto mundo y sus efímeras dulzuras;
tan sólo un crimen te prohibo,
el más odioso:
¡Oh, nunca recorras el hermoso rostro de mi amor,
ni con tu antigua pluma traces tus líneas sobre su frente!
Sigue tu curso,
y déjalo inmaculado,
como ejemplo de belleza para los hombres que vendrán.
Y sin embargo,
vetusto Tiempo,
aunque ejercieras sobre él todas tus crueldades,
mi amor viviría siempre joven en mis versos.



Cuando caído en desgracia ante la fortuna
y ante los ojos de los hombres lloro mi condición de proscripto,
y perturbo los indiferentes cielos con mis lamentos;
cuando me contemplo a mí mismo,
y maldigo mi destino,
deseando parecerme a otras personas
más afortunadas en esperanzas;
ser tan hermoso como ellas,
y como ellas disfrutar de muchos amigos;
cuando envidio el arte de aquél,
y el poder de este otro,
descontento de lo que más placer me da;
y cuando en el fondo del pensamiento ya casi me desprecio,
de pronto,
pienso al azar en tí, y toda mi alma,
como la alondra que asciende al surgir del día,
se eleva desde la sombría tierra
y canta ante las puertas del cielo.
Porque el recuerdo de tu dulce amor me llena de riquezas,
y en esos momentos,
no cambiaría mi destino por el de un rey.


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